Cuando Thomas y Alexandra Neumann llegaron a la finca Es Pla de Biniali en 2007, contemplaron las vistas a la Sierra de Tramuntana y supieron que era el lugar idóneo para hacer realidad su proyecto. Sólo había una casita y otra para herramientas, que se transformaría años después en bodega. Había cuatro hectáreas de viña sembradas, que se recuperaron a lo largo de dos años, hasta que en 2010 llegó la primera vendimia y empezaron a elaborar vino. En 2012 inauguraban bodega propia -hasta entonces habían elaborado el vino en una nave industrial en Binissalem- y en 2024 celebraban la vendimia número 15. Quien conoce a la perfección toda esta trayectoria y el esfuerzo que ha significado no es otro que Julio Torres, director de la Bodega AVA Vi.
«Ahora podemos decir que el proyecto está consolidado» explica Torres: «la bodega estaba diseñada para hacer unas 20 mil botellas, como una bodega boutique, y ahora estamos casi en 50 mil, que es el techo que nos hemos marcado. Es donde estamos a gusto». AVA es el paraguas que da cobertura a las distintas gamas de vinos que elaboran, con un denominador común: la pasión por las variedades locales de uva. “Utilizamos pequeños porcentajes de variedades foráneas: Cabernet, Merlot, algún año Syrah, Chardonnay… Pero el 90% de nuestros vinos están elaborados con variedades locales: estamos en el Raiguer y las dos variedades madre son el Manto Negro y el Prensal Blanco, también Giró Ros, Malvasía en variedades blancas, y estamos incorporando variedades que no son autóctonas pero sí muy típicas, como es la Monastrell. Nuestra filosofía es la de crear vinos que tengan una identidad propia, por eso debemos trabajar con variedades que están muy adaptadas a nuestra climatología y que, a nivel de mercado, aportan un valor añadido, nos hacen diferentes”.
Trabajan con tres niveles de calidad: los vinos más genéricos, «en los que utilizamos uva propia y comprada, que viene de toda Mallorca. Aquí es donde tenemos el nivel más alto de exigencia, aunque no son los vinos más caros.
Pero son nuestra gama de entrada, nuestros vinos base y deben ser los mejores posibles, porque son nuestra seña de identidad. Después están los vinos de finca, ensamblaje, mezcla de diferentes variedades para llegar a la complejidad que buscamos, en los que damos un punto más de calidad o de trabajo. Y los vinos de la más alta gama, que son los de guarda, de los que no siempre podemos repetir las mismas cantidades: hay años que, entre blanco y tinto, podemos hacer 5 mil botellas y otros años, 3 mil. Depende de la climatología, de la materia prima y de las posibilidades de la añada. En estos somos muy estrictos”.
Con más de tres décadas de experiencia en el mundo del vino, Julio Torres no pierde de vista cómo ha ido evolucionando el mercado. Explica que en los últimos diez años el crecimiento del consumo de vinos blancos y rosados ha sido exponencial. Vinos ligeros, frescos, más fáciles de consumir. Una tendencia que también se traslada a los tintos: “intentamos que también sean vinos más frescos, con un equilibrio, vinos con no tanta graduación alcohólica, con no tanto color…que tienen un mercado potencial más interesante”. El 80% de la producción de AVA Vi se consume a nivel local, es decir, en las Islas Baleares. Y el 20% restante sale a exportación, básicamente vino tinto que se consume en Suiza, Alemania y Suecia. De lo que se consume aquí, el 80% está enfocado a la restauración, que es su mayor canal de distribución. “Pensamos que el vino es gastronomía y tenemos la suerte de tener un cliente que trabaja con productos de proximidad. Una restauración de medio alto nivel. Es una forma de hacer marca lenta, pero es la más lógica. De forma natural vamos aumentando la producción, a medida que el viñedo nos lo permite”.
Ahora tienen 7 hectáreas de viñedo: 4 de ellas operativas y 3 recientemente sembradas. «Nos apoyamos mucho en nuestros socios, que son los viticultores. Para nosotros son los más importantes, los que deben estar cuidados para que no abandonen el cultivo, que cada día es más complicado». Tenemos uva propia, pero también nos abastecemos de uvas de otros viticultores que tienen la misma filosofía que nosotros: no producciones en exceso sino de mayor calidad, donde la fruta es lo más importante. Y a partir de ahí, en bodega lo que intentamos es tener una intervención mínima, con una materia prima fantástica”.
Para Torres “a nivel de imagen es mucho más fácil comunicar Mallorca” que otras denominaciones, de ahí el interés en formar parte de la IGP Vi de la Terra Mallorca porque “me permite utilizar viñedos con perfiles de suelo, con microclimas diferentes al mío. Y me permite transmitir vinos del Mediterráneo y de Mallorca de una forma más fácil”. Explica que trabaja con Manto Negro en siete parcelas diferentes –de la zona del Pla, del Raiguer…- «y todos son variedades locales pero con perfiles totalmente diferentes. Al final, intentamos tener muchos colores, muchas diferencias dentro de la misma variedad, para después crear un collage que sea idóneo».
En AVA Vi también han abierto la puerta al enoturismo desde el primer día. «No hacemos un enoturismo de masas. Conocemos nuestras limitaciones y, a medida que hemos tenido más capacidad, hemos recibido más clientes. Es una forma de explicar al visitante nuestra filosofía, cómo trabajamos y que salgan de aquí con una experiencia diferente, que puedan extender. Queremos que la gente disfrute, que se sientan importantes. Quien les atiende es una persona que elabora el vino. Los meses de enero, febrero y marzo son meses de preparación, puesta a punto, sobre todo muchas ferias y presentaciones. A partir de marzo arrancamos el enoturismo. Julio y agosto son meses más complicados, sobre todo por la climatología. La primera semana de agosto empezamos vendimia y debemos entrar la uva, que es lo principal. No hacemos visitas espontáneas, tratamos de programar porque, al final, somos el equipo que somos. Y la vendimia es lo que marca la pauta del resto del año, es la época más importante.” De estas visitas se encargan tanto Julio Torres como la enóloga Claudia Erpili.
Torres es sumiller de profesión y si le pedimos que defina los vinos de AVA Vi no duda: «son vinos mediterráneos, que ya de por sí son amables, con un carácter fresco, que es fundamental, y sobre todo elegantes, sutiles, con potencial para perdurar en el tiempo». Reconoce que disfruta mucho “cuando la gente, sobre todo la gente joven, consume nuestro vino de forma natural, sencillamente porque son vinos agradables de entender y que te transportan a tu tierra. Hace dos años empezamos a participar en el Raïm Wine Fest y ver a la gente joven beber vino sin hacerse preguntas me pareció fantástico. Llevo veinte años luchando por desmitificar, simplificar y democratizar el consumo de vino. Para beber vino, ¿debes saber de vino? Tienes que saber si te gusta o no. Abre una botella y, si quieres más información, te la doy, pero no es necesario”.



