Las previsiones apuntan a una vendimia más generosa que el año pasado, que permitirá recuperar niveles de producción
Por primera vez, los más de 300 viticultores de la IGP disponen de una cartilla digital, que facilita el control de la entrada de uva
La vendimia 2025 está en marcha y las bodegas que forman parte de la IGP Vi de la Terra Mallorca ya han entrado a bodega 1.981.156 kilos de uva, lo que representa un 30% de la producción que se estima en esta campaña. Así lo ha explicado la presidenta de Vi de la Terra Mallorca, Magdalena Mesquida, en un encuentro celebrado este lunes en la bodega Sa Cabana, en Binissalem.
Hasta ahora, las principales variedades de uva entradas a las bodegas inscritas son las más tempranas: Chardonnay, Sauvignon blanc y Giró, en variedades blancas; y Merlot en uva negra, mientras se prepara la recogida de variedades como Manto Negro para elaboraciones más ligeras. Hay que tener en cuenta que el próximo año crecerá el número de variedades locales que se comercializarán bajo la marca de calidad IGP Vi de la Terra Mallorca. Variedades recuperadas que ya se recogen en esta campaña como Escursac, Giró Negre y Esperó de Gall, que se encuentran en proceso de autorización, se espera que sean reconocidas próximamente y se puedan comercializar con la etiqueta de Vi de la Terra Mallorca a partir del año que viene, fruto de la tarea que realiza el Consejo Regulador para seguir introduciendo nuevas variedades locales dentro de la normativa.
Éste es el balance que ofrecen actualmente los 330 viticultores y las 84 bodegas adscritas a Vi de la Terra Mallorca, que suman 1.923 hectáreas de viñedo en producción, treinta más que el año pasado. «Seguimos creciendo tanto en número de bodegas como también en superficie de viñedo en producción» en palabras de Magdalena Mesquida, «tenemos más de ochenta bodegas en toda la isla, que nos permite tener una visión amplia de la realidad y de las peculiaridades que tiene el cultivo de la viña, en función de su geografía».
Variedades locales, las más adaptadas
En términos generales, «la campaña de este año se presenta más generosa que la del año pasado, con una recuperación de producción que varía en función de la zona y con toda la prudencia, teniendo en cuenta que aún queda vendimia» explica Mesquida. «En algunos lugares puede haber una merma de producción, por falta de lluvia, como es la zona de Binissalem. En otros, esta recuperación se prevé moderada, como es el caso de Porreres, después de tres años en los que las plantas han sufrido mucho estrés hídrico a causa de la sequía. Las previsiones más optimistas son para las variedades locales, que son las que están demostrando un mejor comportamiento frente a los cambios climáticos que sufrimos; son mucho más resilientes al tener un período de maduración más largo y aguantan mejor la escasez de lluvia y el calor. Además son las que hacen únicos nuestros vinos”.
A esta recuperación de producción ha ayudado el hecho de que las lluvias, escasas en algunas zonas del interior, se han repartido mejor que el año pasado y en momentos adecuados -abril, mayo y julio-, por lo que la planta se ha desarrollado mejor en zonas como la Serra de Tramuntana y es Migjorn. Las temperaturas también han sido óptimas, salvo en las olas de calor de los meses de junio y agosto. Si la cantidad prevista de uva es superior a la del pasado año, la calidad también es destacable. Las lluvias de la primavera han sido buenas para la floración de las plantas pero también han obligado a estar muy vigilantes del viñedo y de enfermedades como el mildiu y el mosquito verde. Sin embargo, el control exhaustivo que se ha hecho permitirá obtener una uva de buena calidad. Además, las temperaturas más suaves de julio han aportado una acidez ligeramente mayor en las variedades blancas, lo que se traducirá en vinos más equilibrados. «Una cosecha no es el trabajo de un año» añade Mesquida, «sino el reflejo de años de manejo y de un trabajo de vigilancia constante. El vino es un proceso agrícola y cultural, y la vendimia es un momento fundamental».
La vendimia se digitaliza
Una de las novedades más destacadas de esta vendimia 2025 es la puesta en marcha de la cartilla digital, una herramienta informática que sustituye la cartilla en papel de los viticultores y facilita el control de los kilos de uva que se recogen por hectárea de viña, con el objetivo de garantizar la calidad de la cosecha y del vino que se va a elaborar. «Hasta ahora cada viticultor tenía un cuaderno donde iba apuntando los kilos que entraban en cada bodega» explica Marina Vera, gerente de Vi de la Terra Mallorca. “De cada entrada había tres copias –una para el viticultor, otra para la bodega y una tercera para el Consejo Regulador-. El proceso generaba un importante gasto en papel y nuestras auditoras debían realizar múltiples viajes para recoger los tickets en las bodegas de toda la isla e introducirlos, posteriormente, en el programa de control”.
El año pasado el Consejo Regulador decidió apostar por la digitalización. “Ahora los viticultores pueden introducir directamente las entradas de uva en el programa informático, que está vinculado tanto a la bodega como al programa de control de Vi de la Terra Mallorca. Esta herramienta facilita el trabajo a los viticultores; nos permite ser más eficientes, porque tenemos toda la información actualizada; y reducimos el coste ambiental y económico con la eliminación del papel. Creemos que es importante avanzar en la digitalización del sector. Es una apuesta por la sostenibilidad y también por mejorar la trazabilidad de las partidas del vino, controladas a nivel digital desde la entrada de la uva”. La digitalización, además, permitirá el acceso a un mayor volumen de datos y la elaboración de estadísticas, que pueden facilitar la toma de decisiones.



