Cerca del puig del castillo de Alaró, se encuentra otra muela que forma el puig de S’Alcadena. En días húmedos y calurosos, entre las dos montañas se congregan unas nieblas deshilachadas que aparecen y desaparecen rápidamente. Cuenta la leyenda que esto pasa porque son montañas mágicas, el lugar de encuentro de grupos de brujas donde hacen sus reuniones y aquelarres. Así es como describe la Fundación Mallorca Literaria el entorno de leyenda de la finca s'Olivaret, ubicada en la carretera de Alaró a Orient, en una zona protegida por su alto valor natural, presidida por las llamadas montañas Bessones, que custodian una de las entradas a la Serra de Tramuntana. En esta finca nace el proyecto de la familia Guijarro, Vins S´Olivaret, que bebe de la nostalgia y de un regreso a las raíces familiares, que se encuentran en la Mancha. “Empecé por placer, no teníamos explotación agrícola, algo de olivo, y hace cinco años, cuando me jubilé, decidí recuperar mis antepasados: mi abuelo tenía bodega y molino en la Mancha. Aquí había un pinar enorme, toda la finca es ANEI, y me dieron autorización para recuperar bancales y sembrar viñedos. No había habido tradicionalmente vid sino olivos. De ahí el nombre de la finca, que estuvo abandonada durante 50 o 60 años. Cuando la compramos empezamos a recuperarla poco a poco.” Ángel Guijarro es farmacéutico de profesión y se instaló en Mallorca en 1976. Ahora ha conseguido animar a su hijo Javier en esta nueva aventura empresarial.
En 2019 solicitaron permisos para empezar a sembrar viña. Al año siguiente llegó la COVID e hicieron la primera plantación el 15 de mayo de 2020. "El proyecto nace en medio de la pandemia" recuerda Javier Guijarro: "teníamos que plantar en febrero y al final lo hicimos en mayo. Yo vengo de otro sector que estaba muy parado y esto empezaba, me enganché, y ahora estoy dedicado a esto al cien por cien al trabajo en el campo, en la bodega, en la parte de comercialización...". De hecho, después de más de treinta años viviendo en Madrid, Javier junto a su esposa Ainhoa y sus hijas se han trasladado a vivir a Mallorca para implicarse a fondo en el proyecto familiar. Javier se ha puesto al frente de la bodega, donde trabaja con el enólogo navarro Julio Prieto, que es "un profesional puntero en viticultura. Hemos sembrado desde cero. Los pinos y la garriga lo habían ocupado todo, limpiamos y sembramos las viñas en medio de las encinas y los olivos. Trabajamos con callet y manto negro para el vino tinto y con giró ros, malvasía y un poco de macabeo en vino blanco. Por tanto, apostamos por las variedades autóctonas. Y vamos creciendo poco a poco". La finca tiene 75 hectáreas, de las cuales 5 están sembradas de viñedo. Ahora tienen en marcha un proyecto de ampliación en Son Frau para incorporar 6 hectáreas más donde se sembrarán 5.000 plantas de malvasía, giró ros y prensal. En total sumarán unas 10 hectáreas de viñedo propio. La primera vendimia fue en 2023: “entonces no teníamos bodega propia y elaboramos los vinos en Mancor con Vinum Pro Nobis Petit Celler y en 2024 conseguimos los permisos para acondicionar nuestras propias instalaciones”. Si hablamos de volumen de producción, en su segunda cosecha han recogido unos 10-12 mil kilos de uva. "Este año embotellaremos cerca de 9.000 botellas de blanco y rosado. El vino tinto, unos 3.500 litros, está en crianza y la previsión es que salga al mercado en octubre si embotellamos en mayo o junio". A la pregunta de cómo se ven dentro de cinco años, Javier lo tiene claro: "con el proyecto de s'Olivaret buscamos una producción pequeña, vino de calidad, variedades autóctonas… no podemos ni es nuestra intención producir grandes volúmenes. En cinco años lo que estamos sembrando ahora debería entrar en producción. Nos vemos creciendo poco a poco porque somos nuevos en este mundo, estamos aprendiendo. El año pasado hicimos una tercera parte de lo de este año y hemos vendido prácticamente toda la producción. Ahora veremos este año. En seis u ocho años podríamos estar hablando de una producción de 35.000 botellas, según vayan las cosas”. En s'Olivaret todos los detalles se cuidan. El anagrama de la bodega representa el Castillo de Alaró y Ses Bessones, las dos montañas icónicas que definen el paisaje de la zona. Y la etiqueta de los vinos reproduce con puntos negros los encinas y pequeños olivos de la finca, a partir de una imagen con dron de los bancales. La bodega dispone de una sala para realizar catas de vinos y esto les ha permitido empezar a hacer visitas. Entre sus clientes se encuentran los del conocido Hotel Rural s'Olivaret, que ocupa la otra parte de la finca original, que se dividió en dos cuando los antiguos propietarios decidieron vender. Para más información puede consultar www.vins-solivaret.com


